
No es fácil encontrar oradores dotados. Steve Jobs podría ser uno de los mejores hallazgos de la universidad de Standford, cuando fue invitado en el año 2003 a dar un discurso para los flamantes graduados.
Que su apellido sea Jobs (“trabajos”) tal vez no sea casualidad, pues ocupa puestos de los más envidiados en el mundo: es el presidente de Apple, creador de los estudios Pixar y máximo accionista individual de The Walt Disney Company.
Su mayor guía fue la pasión que lo impulsaba a hacer lo que hacía y todavía hace. El hambre insaciable y una rebeldía permanente que lo llevaba a romper el molde, a innovar. (“Stay hungry. Stay foolish”)
Si bien, como le confesó a los presentes, nunca se graduó de la Universidad, la vida le enseñó, un poco a los golpes que el camino está marcado, que cada punto del trayecto tiene un por qué. Pero que, sin embargo insistió en la posibilidad de verlo sólo después de un tiempo. Analizando en retrospectiva uno comprende como se “van uniendo los puntos”
Una lección de grandeza y curiosidad permanente que sólo puede ser contada por los que saben.
Maria Emilia Franco
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