Es imposible reconocer muestras de la independencia del periodismo en nuestro país, simplemente porque no existe. Ha dejado de hacerlo desde hace tiempo, desde el preciso momento en que la economía mundial nos organiza y condiciona y desde que los medios de comunicación son empresas, con dueños y empleados. Y la investigación pasó a ser un condimento más de entretenimiento.
Cuando Victor Hugo Morales reprobaba públicamente el libro “El dueño” de Luis Majul, Nelson Castro se divertía en segundo plano, pero, cuando el blanco de las críticas pasó a ser el Grupo Clarín, empleador de Castro, el chiste ya había perdido su gracia. Aunque no hace mucho tiempo atrás era el propio conductor de “El juego Limpio” quien se ocupada jocosamente del monopolio.
La objetividad, de la cual se hacía bandera, ha perdido sustentabilidad por sí misma. Esto ha dado lugar al surgimiento de programas con una impronta ideológica muy fuerte, al estilo “6-7-8” y “Duro de Domar” que, con una alta cuota de edición y amenosidad acercan la información al televidente desde un punto de vista claro y explícito.
Indagación y comunicación solían ser dos características fundamentales de la profesión periodística. Pero masivamente se consume como “investigación” programas como GPS o Telenoche Investiga, guiados casi en su totalidad por la Agenda Setting y las mediciones del no poco confiable Ibope.
El proceso de financiarización (no tan) contemporáneo de la información ha firmado la defunción de la independencia del periodismo y ha dado lugar además, a la banalización de la Investigación como herramienta hacia el fin de descubrir y dar a conocer. Todo es y será orquestado para dar origen a réditos monetarios. La realidad así lo demuestra.
María Emilia Franco
http://redaccion-iset.blogspot.com/
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