Mucho se habla del periodismo independiente como bandera de confiabilidad y herramienta de credibilidad. Pero lo real es que un periodismo genuinamente independiente es utópico e inviable. El periodismo de investigación, nutrición máxima de la profesión se ha visto también reducida a material superfluo y de mero entretenimiento.
La imposibilidad de aplicación de la independencia en el periodismo ha quedado en evidencia con los últimos acontecimientos en materia política en el país cuando la dependencia de los medios de comunicación salió a la superficie de manera inocultable para la conciencia de los consumidores comunes.
El conflicto del gobierno con el sector agropecuario fue el detonante que puso en el tapete los intereses que se esconden tras un medio de comunicación. Intereses políticos y económicos detrás de las informaciones quedaron al descubierto y revelaron la realidad, el periodismo independiente no existe.
No existe simplemente porque no puede hacerlo. Medios conformados como organizaciones con fines de lucro, que funcionan como tales y se desarrollan en un mundo de “libre empresa”, no puede ser distinto. La necesidad de subsistir abruma y termina por apagar a la de comunicar e informar.
La investigación como instrumento fundamental de la profesión también perdió fuerza, aplastado por las mediciones de ratings del minuto a minuto y las conveniencias de entretener y sobre todo, distraer al espectador de los temas relevantes, creándoles una agenda pasajera que los mantenga desconcentrados y desorganizados.
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