
Juan Carlos Franco, un orgulloso mendocino residente en Rosario, nos cuenta su paso por el servicio militar y las experiencias entorno al conflicto por el canal de Beagle con la contigua República de Chile, con el Mundial de Fútbol del 78’ como contexto.
Pese a la reticencia inicial, bastaron sólo un par de preguntas para que comenzara a fluir el buen clima y la naturalidad con la que Juan Carlos recuerda y pone en medidas palabras sus memorias.
Si bien nunca llegó a desatarse la guerra con el país vecino, él cuenta que fue movilizado hacia las altas montañas donde permaneció durante un par de meses junto con a sus compañeros. “Lo vivimos con un poco de incertidumbre porque éramos muy chicos y no sabíamos bien la dimensión” ya que “conocíamos la versión del ejército".
Para él no era una disputa más con un Estado limítrofe, era un “país hermano” y afirma: “cuando entré al servicio militar nunca pensé en un conflicto con Chile”. La comunicación continua y natural entre chilenos y mendocinos los hacía más familiares que enemigos.
Solo recibieron la formación básica militar que se recibía normalmente en la época: “te llevan al campo, te enseñan algunas maniobras pero nunca entré en combate así que no sé si era eso realmente lo que pasaba”.
Después de unos segundos de meditarlo, asegura que no nota la influencia de todo lo vivido en su presente pero sí comenta que, inmediatamente después de disuelta la pugna quedó con un poco de recelo, “los chilenos no me siguieron cayendo bien por un tiempo”, lo dice entre ironía y chiste, hasta que comprendió que “era una cuestión deentrenamiento, era algo necesario, necesitaban concientizarte para el caso de entrar en combate”.
Pero los tiempos que transcurrían eran especiales, también se llevó a cabo el Mundial de Fútbol que hizo que varios grupos estuviesen destinados a distintos puntos claves como los estadios, ya que existía la creencia general de posibles atentados subversivos y “apostaban a la guardia permanente”. En su caso debió permanecer en la base y sólo tenía un día de descanso semanal pero reconoce que “afortunadamente la compañía quedaba cerca y podía aprovechar para irme a mi casa” recordando a sus compañeros sanjuaninos quienes no tenían esta posibilidad y a veces albergaba en su propia casa con el cariño maternal de su madre.
Con ojos brillosos comparte que “el año pasado me contacté con dos compañeros sanjuaninos después de 28 años del servicio militar”, con los que aprovechó para rememorar chistes y anécdotas. Un encuentro que sin lugar a dudas lo movilizó, su rostro y su mirada se iluminan cuando relata alguna de sus historias del servicio con ellos una vez apagado el grabador.
Con un silencio Franco te da el espacio para la elaboración, casi esperando a que termines de comprender introspectivamente lo que cuenta y después de unos segundos reflexiona: “Cuando pasan los años, todo se hace más simple, más fácil”. El transcurso de los años empieza a relativizar los acontecimientos.
A pesar de todavía no comprender algunas actitudes de las autoridades, Juan Carlos sonríe al momento que ratifica: “después que pasa el tiempo, es como que se cierran las heridas, empezás a recordar las cosas buenas”. La simpleza de la sabiduría de quien sabe lo que dice y está seguro y tranquilo consigo mismo.
Maria Emilia Franco
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